En Samuel, capítulo 28, versículo 8, nº 2, cuando el Rey Saúl va a una pitonisa del valle de Hador y le dice, disfrazado de campesino: “Me gustaría de hablar a Samuel, el último Juez que se murió”. Y la señora que era médium, le dijo: “¿me vienes a pedir eso, no sabes que el Rey Saúl prohibió que se llamara a los muertos?” Y mirándolo:
“Pero tú eres el Rey Saúl que estás vestido de campesino”. Y Saúl le dijo: “Si yo he prohibido, anulo la prohibición. Es un derecho legal. Entonces, quiero que me traigas a Samuel para hacerle una pregunta”. La sensitiva cayó en trance y Samuel, en espíritu, se presentó y le dijo: “¿Por qué me llamas del valle de la sombra de los muertos? ¿Qué quieres de mí?”. Y él le dijo: “Estamos en lucha en contra de los filisteos y quiero saber ¿qué hacer? El espíritu le habló: “Transforma las armas de guerra en instrumentos de labranza, porque de lo contrario al caer el tercer día tú y tu familia estaréis vencidos por los filisteos”. Él no aceptó el consejo. Tres días después todos sus ejércitos fueron vencidos, sus cerdos fueron devorados y él tuvo que perder la vida, como le había anunciado el espíritu. Es un fenómeno mediúmnico de la Biblia.
Pero hay otro caso más sensacional: cuando Jesús va al Monte Tabor y llegado arriba del monte, acompañado de tres testigos, Pedro, Juan y Tiago, se transfigura. ¿Quién es de nosotros que no se recuerda de la transfiguración? Él se transfigura delante de dos muertos:
Moisés y Elías. No son santos, no son dioses, son almas de los hombres que vivieron en la Tierra: Moisés, el hombre del Sinaí desencarnado hacía 400 años y Elías el gran profeta desencarnado hacía 800 años. Se transfiguró y cuando descendió del Tabor un padre que tenía un hijo epiléptico le dijo: “Maestro, mi hijo lleva un espíritu que lo toma, lo hace convulsionar hasta beber sangre, nadie consigue curarlo. ¿Podríais ayudármelo?” El Maestro miró al muchacho, que parecía tener una crisis epileptoide y mirándole dice: “Espíritu inmundo sal de él. Yo te ordeno en nombre de mi Padre”. El muchacho convulsionó y lo devolvió a su padre perfectamente sanado. Los discípulos celosos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no lo conseguimos y tú lo lograste?” Jesús dice: “Ibcis verdis... Porque para esta clase de espíritus se hace necesario ayuno y oración”. Para esta clase... es decir hay otras clases, como estableció Allan Kardec: hay espíritus inferiores, desde los estados más primarios; hay espíritus superiores angélicos, bienaventurados, santificados por el amor.
4/20/2006
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1 comentarios:
Lamentablemente las religiones no aceptan que nuestra Filosofía y muchos sólo dicen que el espiritismo es malo por que en otra parte de la biblia asi lo dice. Aparentemente esta carta de Samuel ellos no la predican ya que estarian aceptando nuestra Filosofia. !!Que bonito!!
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