A pesar de los desentendimientos y las suplementaciones marginales observadas en nuestras actividades, comprensiblemente halladas en distintos ámbitos de nuestro quehacer, no se puede negar el avance del Espiritismo, en su primer siglo de existencia.
Entre las numerosas conquistas por las que se verifica su progreso, señalemos ligeramente las que hablan elocuentemente de ello:
• La valorización del aspecto moral y de las consecuencias religiosas;
• La delimitación clara de los conceptos de mediumnidad y Doctrina;
• La ubicación del fenómeno en su verdadero lugar;
• El reconocimiento de que el médium es una personalidad humana falible;
• Lo imperioso y necesario del análisis de las comunicaciones y revelaciones;
• La exigencia de moralidad y objetivos edificantes en las investigaciones psíquicas;
• El esclarecimiento más amplio en lo referente a determinadas manifestaciones de los desencarnados;
• La superación gradual de las facultades de efectos físicos, transformadas, de espectáculos estériles, en auxilio a la humanidad sufriente;
• El paulatino abandono de la evocación directa;
• El perfeccionamiento de las tareas de desobsesión;
• La negativa a la polémica religiosa;
• La depuración del vocabulario doctrinario;
• La preservación natural ante la influencia de otros credos y la supresión espontánea de rituales supersticiosos;
• La confirmación progresiva de los principios espíritas por parte de la ciencia terrena;
• El mejoramiento de los procesos de divulgación por la prensa oral y escrita;
• La orientación clara con respecto a la educación de la infancia;
• La formación de grupos de jóvenes espíritas en movimientos propios;
• La creación de la literatura espírita;
• La intensificación de las obras de asistencia social;
• El cultivo del Evangelio en el ámbito hogareño de la familia;
• La simplicidad y sencillez de los hábitos y la definición de actitud de vida de los espíritas.
En vista de tales conquistas innegables desde todo punto de vista, unamos energías e ideas, sentimiento y raciocinio para la ampliación del trabajo espírita que nos compete en la tarea redentora de Jesús, con las llaves elucidativas de Allan Kardec, transformando convicción en servicio y convirtiendo las sensaciones de lo maravilloso en nociones de responsabilidad. que nos preparen el cerebro y el corazón para la Vida Mayor.
ANDRE LUIZ
(Página mediúmnica recibida por el Dr. Waldo Vieira)
6/26/2006
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