7/08/2006

Nuevas Ideas y la Doctrina Espírita

Por Deolindo Amorim
Médium Elzio Ferreira de Souza, Brasil
(Texto extraído del libro Espiritismo en Movimiento.)

Creo que nadie tiene duda de la necesidad de fortalecer el pensamiento espírita. Antes, sin embargo, de pensar en ello o en divulgarlo, debe todo adepto sentir la necesidad de establecerlo con firmeza y precisión para que no se riegue y divulgue, como siendo espírita, aquello que es apenas pensamiento personal de uno u otro compañero. Ideas que, si bien merecen respeto, no pueden por sí representar el pensamiento doctrinario; no porque puedan ser echadas de lado como visceralmente erróneas, sino por el hecho de no haber aún madurado lo suficiente para que puedan ser aceptadas como parte del contenido doctrinario.

Es esta falta de madurez, ausencia de reflexión, que produce la aceptación facilitada de toda idea que surge en el campo doctrinario, expuesta por oradores, o en libros y periódicos, con completo desprecio de aquellas que constituyen el pensamiento de la Doctrina, con raíces en la codificación.

Por otro lado, existen compañeros que tienen una completa neofobia y rechazan cualquier idea que ya no esté sedimentada, olvidando de que el Espiritismo no se ha detenido en el tiempo, ni puede paralizarse, que éste ha de acompañar el progreso de las relaciones sociales, saber enfrentarlas y comprenderlas para ajustar su pensamiento, a fin de poder sobrevivir a los desafíos que los tiempos modernos ofrecen, sin lo que correría el peligro de verse ultrapasado, cuando, sin duda, él posee fuerza suficiente para ofrecer soluciones certeras, siempre y cuando no se desprecie la base doctrinaria, que se la estudie y comprenda.

Así, la cuestión no es citar a Kardec, muchas veces abusivamente sin comprenderlo suficientemente, para defender esa o aquella idea, o para combatir aquella otra. El problema es de comprensión. No se puede apenas amarrar una rama en un árbol y pensar que se hizo un injerto válido; por otro lado, realizar un injerto exige cuidados para que la planta no muera y el árbol se revitalice. Una idea nueva debe ser pensada, madurada, probada, antes que pase a formar parte del contexto doctrinario aceptado. Hasta allá, es importante que las ideas sean discutidas, sin precipitación, cada uno colaborando en su examen, lo que naturalmente no puede ser hecho con pasiones e intereses en juego, unos y otros desconociendo las lecciones ya centenarias del maestro lionés. Sobretodo, si miramos la historia, veremos el método seguido por Allan Kardec en el establecimiento de las bases doctrinarias, método aún perfectamente válido, a pesar del tiempo transcurrido. Kardec no aceptó la propia explicación espírita del fenómeno que él podía comprender, frente a su conocimiento del magnetismo, sin antes experimentarla, pensarla con relación a otras posibles soluciones, a fin de buscar la causa más simple y más amplia en la explicación de las mesas que se movían; procedió prudentemente, y podemos añadir que científicamente, al procurar una causa que pudiese abarcar la mayor parte de los fenómenos. Mas, por otro lado, supo ver que no todos ellos procedían de la comunicación de los llamados "muertos", y que, en determinados casos, ciertos individuos podrían provocarlos sin auxilio, al menos directo, de los Espíritus. Ahí, ya estamos en el terreno del animismo, y Kardec supo reconocerlo, anticipándose, por tanto, a las críticas de los que, posteriormente, como Hartmann, en él (el animismo) creían encontrar la explicación de toda la fenomenológica espírita. Todo eso fue hecho con tiempo, madurando las ideas en el silencio de la noche, sin apresuramiento, sabiendo modificarlas y ajustarlas a la realidad. Supo así alterar su propio pensamiento – me refiero al propio Rivail -, mas con esto no se adhirió a todo lo que los Espíritus trajeron, fuese cual fuese el nombre subscritor del mensaje, por más respetable que hubiese sido ese nombre en la Tierra, o la honra que se le tributase. En El Libro de los Espíritus, escogió de todas partes, pues le interesaba saber aspectos reales de la vida espírita, y no apenas como pensaban los ángeles ya desligados de las duras fases de evolución en el planeta. No tuvo preferencias mediúmnicas; le importaba saber si el mensaje podría soportar el examen del raciocinio, en un momento en que la "señora razón" sufría de una exacerbación, muy comprensible porque las religiones habían olvidado el respeto al hombre, imponiéndole ciertos posiciones fideístas que erosionaban su propia dignidad, tornándolo un juguete del fanatismo y de la ortodoxia. La inquisición puede evidenciar históricamente todo esto.

Pues bien, el modo de proceder del maestro debe ser seguido. Para no extenderme más, debo decir que, si el movimiento espírita así procediese, tendrá capacidad de absorber toda idea nueva cualquiera que sea su fuente científica o filosófica, mientras se muestre verdadera, después de convenientemente ensayada, sin que con esto desfiguremos la Doctrina, ni la tornemos obtusa y envejecida, a costas al progreso.

Medio término en todo. Mas si puedo recomendar algo es que las lecciones de Kardec puedan ser estudiadas con más profundidad para que se pueda reconocer su verdadero pensamiento.