El libro el Génesis, 6:4, informa que: "Había gigantes en la Tierra en aquellos días". El tiempo referido es el de la creación. del hombre. Si había gigantes, Adán no era el primer hombre, y además, la misma Biblia nos dice que los "hijos de Dios" –que eran Adán y su descendencia–, se casaban con las "hijas de los hombres". Es lo que observamos en 6:2 del citado libro: "viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas '"tomaron para sí mujeres", y también en el versículo 4 –ya anteriormente citado– dice: "y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos".
Es dable observar que el texto plantea una duda, pues parece haber una diferencia entre los gigantes y los hombres, dado que no se podría explicar que las "hijas de los hombres" no fuesen hijas de los gigantes. Pero esa duda se explica por la mitología. Los gigantes, en realidad, son figuras mitológicas que aparecen en el texto bíblico, de la misma manera que en los textos hindúes, egipcios, y en el "Gigantomaquia", poema que se considera un fragmento extraviado de la Teogonía de Hesíodo. La Biblia heredó de los antiguos libros mesopotámicos la leyenda mitológica de los gigantes. Ese hecho demuestra la tesis espírita de la raza adámica que, en realidad, no es otra que la del pueblo hebreo.
El examen del texto bíblico a la luz de la antropología cultural y de la mitología, prueba que Adán es sólo el primer hebreo y no el primer hombre. La leyenda de Adán y Eva es el capítulo mitológico de la historia de los judíos, como la leyenda griega de Deucalión y Pirra es la de la historia de los griegos. Las dos historias se confunden por su. semejanza en el caso del diluvio. Así como Héleno fue el primer hombre para los griegos, Adán fue el primero para los hebreos. La falta de conocimiento histórico y la falsa interpretación teológica de la Biblia convirtieron una antigua leyenda mitológica en una verdad revelada. El Espiritismo no acepta tal absurdo.
Es curioso notar que Deucalión –el Noé griego– y Pirra, su mujer, tuvieron tres hijos, como aconteció con Adán y Eva y luego con Noé. En todas estas coincidencias se comprueba el origen mitológico y la presencia de los arquetipos colectivos en los pasajes supuestamente históricos de la Biblia. Querer sustentar la realidad de tales relatos ingenuos e imponerlos al pueblo como una verdad divina, es confundir la religión con la superstición. El Espiritismo prefiere esclarecer esos problemas a la luz de la razón.
J. Herculano Pires
“Visión Espírita de la Biblia”
8/19/2006
8/17/2006
DELANTE DE LA INFANCIA
Incuestionablemente, la respuesta de los Mentores de la humanidad al Codificador del Espiritismo es de suma importancia en los cuadros de la vida como la encontramos en el planeta terreno.
El espíritu que renace en nuevo cuerpo carnal tiene por meta perfeccionarse, estando para tanto con los padres y otros seres adultos la incumbencia de conducirlo, de orientarlo en la vida para la Vida, instruirlo para superar la propia ignorancia, de liberarlo de las tinieblas para conducirlo a la Luz de Dios, y todo esto es lo que se llama educación.
Desafortunadamente, en la gran mayoría dos casos, los individuos que reciben el espíritu en la fase infantil a que tiene el deber de nortearlo por la vida, no se aperciben de su espiritual realidad.
Algunos suponen que las niños son seres vírgenes, recién creados por Dios — esto, cuando admiten la existencia de Dios —, y que, de esa forma, son tablas en blanco donde todo comenzará a ser escrito por los padres, iniciándose todo el proceso de la individualidad.
Muchos creen que las niños sean verdaderos clones, patrimonios de sus genitores, y que, por esto, deberán seguir los modelos por éstos establecidos, como copia humana de viejos caracteres.
Incontables criaturas, ignorando las leyes que regulan las afinidades entre espíritus o grupos de espíritus, piensan que las niños son meras conformaciones hereditarias de los padres, en régimen de totalidad, o sea, heredan no solamente elementos biológicos y o de postura, mas también, las características morales de ellos, lo que determinaría que padres intelectuales y dignos generarían, obligatoriamente, hijos con los mismos trazos, mientras que padres celerados e incultos, desde los ancestrales, generarían retoños portadores de iguales componentes intelecto-morales, y así por delante.
Y desfilan teorías filosóficas, psicológicas, antropológicas y religiosas, intentando establecer parámetros para explicar quienes son los hijos relativamente a sus padres, y el porqué de tantas diferencias donde se esperaban similitudes o de tantas semejanzas, donde todo parecía fadado a ser diferente.
El pensamiento del Espiritismo, a tal respecto, es que el ser que los genitores conducen en sus brazos cariñosos, es un milenario viajero de la evolución hacia el Creador, estando en la Tierra para el esfuerzo de la auto-superación, de la rees-tructuración del carácter moral, y pulimento intelectual, como alumno que asiste a las clases en el gran educandario del mundo.
Para la Doctrina Espírita, la aparente inocencia de la infancia oculta bagajes sedimentados a lo largo de siglos y siglos de caídas y levantadas, adquiriendo así experiencias importantes en la ruta de la Vida Grande.
De esa forma, educarla significará trabajar para podar o inhibir la acción de los elementos perniciosos traídos en su ser, al mismo tiempo en que se incrementará e incentivarán las conquistas felices, maduras, ennoblecidas que demuestre.
José Raúl Teixeira por Camilo. en: Desafíos de la Educación
El espíritu que renace en nuevo cuerpo carnal tiene por meta perfeccionarse, estando para tanto con los padres y otros seres adultos la incumbencia de conducirlo, de orientarlo en la vida para la Vida, instruirlo para superar la propia ignorancia, de liberarlo de las tinieblas para conducirlo a la Luz de Dios, y todo esto es lo que se llama educación.
Desafortunadamente, en la gran mayoría dos casos, los individuos que reciben el espíritu en la fase infantil a que tiene el deber de nortearlo por la vida, no se aperciben de su espiritual realidad.
Algunos suponen que las niños son seres vírgenes, recién creados por Dios — esto, cuando admiten la existencia de Dios —, y que, de esa forma, son tablas en blanco donde todo comenzará a ser escrito por los padres, iniciándose todo el proceso de la individualidad.
Muchos creen que las niños sean verdaderos clones, patrimonios de sus genitores, y que, por esto, deberán seguir los modelos por éstos establecidos, como copia humana de viejos caracteres.
Incontables criaturas, ignorando las leyes que regulan las afinidades entre espíritus o grupos de espíritus, piensan que las niños son meras conformaciones hereditarias de los padres, en régimen de totalidad, o sea, heredan no solamente elementos biológicos y o de postura, mas también, las características morales de ellos, lo que determinaría que padres intelectuales y dignos generarían, obligatoriamente, hijos con los mismos trazos, mientras que padres celerados e incultos, desde los ancestrales, generarían retoños portadores de iguales componentes intelecto-morales, y así por delante.
Y desfilan teorías filosóficas, psicológicas, antropológicas y religiosas, intentando establecer parámetros para explicar quienes son los hijos relativamente a sus padres, y el porqué de tantas diferencias donde se esperaban similitudes o de tantas semejanzas, donde todo parecía fadado a ser diferente.
El pensamiento del Espiritismo, a tal respecto, es que el ser que los genitores conducen en sus brazos cariñosos, es un milenario viajero de la evolución hacia el Creador, estando en la Tierra para el esfuerzo de la auto-superación, de la rees-tructuración del carácter moral, y pulimento intelectual, como alumno que asiste a las clases en el gran educandario del mundo.
Para la Doctrina Espírita, la aparente inocencia de la infancia oculta bagajes sedimentados a lo largo de siglos y siglos de caídas y levantadas, adquiriendo así experiencias importantes en la ruta de la Vida Grande.
De esa forma, educarla significará trabajar para podar o inhibir la acción de los elementos perniciosos traídos en su ser, al mismo tiempo en que se incrementará e incentivarán las conquistas felices, maduras, ennoblecidas que demuestre.
José Raúl Teixeira por Camilo. en: Desafíos de la Educación
8/16/2006
CEREBRO y ESPÍRITU
Mientras la ciencia procura encontrar en los mecanismos cerebrales la sede de todas las capacidades afectivas y cognitivas del ser humano, el Espiritismo postula la ascendencia del ser espiritual como sujeto de la vida.
El descubrimiento de centros cerebrales que responden a estímulos específicos, como por ejemplo, la toma de decisiones, asusta a los científicos que se preocupan con la posibilidad de que en el futuro se desarrollen mecanismos capaces de manipular las capacidad de juicio de las personas, mediante la intervención en los centros del supuesto comando de la voluntad del ser humano.
La profunda correlación entre el Espíritu y los centros cerebrales es fundamental para que pueda existir la relación existencial. Más aun, con las experiencias e investigaciones realizadas y publicadas, incluyendo el proyecto genoma que mapeó el complejo genético del cuerpo, muchos investigadores llegan a la conclusión de que ”algo” fuera del cosmos cerebral comanda sus funciones.
Aunque la investigación se realice dentro de la visión que reduce el ser humano a un organismo vivo, está claro que la existencia de núcleos específicos para determinadas funciones, lleva a la cuestión de cómo es hecha la coordinación de las respuestas e iniciativas comportamentales.
El descubrimiento de los neurotransmisores, revolucionando la comprensión sobre el funcionamiento de los impulsos cerebrales, abrió una nueva vía de estudio del comportamiento. Se atribuyó, empíricamente, que muchos comportamientos serían determinados debido al aumento o reducción de esas sustancias que ejercen innegable influencia en las reacciones humanas.
En todos esos casos, permanece el problema de quién o qué desencadena la respuesta y por qué esa respuesta es típicamente personal, creando un vacío sobre la naturaleza de la personalidad humana y la motivación profunda de las decisiones, miedos y estados mentales diferenciados.
La tentativa de cualificar genéticamente los disturbios mentales más profundos, como la esquizofrenia y procurar circunscribir desvíos de comportamiento a azares genéticos, como el alcoholismo y el homosexualismo, siguen la lógica resultante del hecho de que siendo el ser humano apenas un organismo, su comportamiento deberá necesariamente depender de la combinación aleatoria de los genes y factores circunstanciales en la estructuración corporal.
Esa lógica, por fin, llevaría a afirmar que el carácter o la personalidad son formadas aleatoriamente, al acaso; y, consecuentemente, nadie podría a rigor ser responsabilizado por comportamientos anti-sociales o agresivos, violentos, una vez que serían factores genéticos los que realmente determinarían las acciones de las personas.
El comportamiento humano es complejo y las investigaciones que lo reducen a reflejos condicionados, a acondicionamientos operantes y ejercicios de estímulo y respuestas no consiguen, como es obvio, resolver el modo como cada persona se posiciona y como reacciona tan específicamente a las condiciones del ambiente y de las presiones existenciales y afectivas.
La coordinación, ese “algo” más allá del cosmos cerebral detectado por los investigadores más atentos, es ciertamente el Espíritu, ser espiritual independiente del cuerpo, como enseña la doctrina y no un substrato psíquico desconocido que, en la visión materialista, se reduce al mismo organismo.
Para los espíritas, ese ser espiritual yuxtapuesto al organismo, lo utiliza para su compleja expresión de voluntad y percepción del mundo externo, desenvuelve una estrategia de vida muy individual, aunque necesariamente ligado solidariamente al medio ambiente familiar, social, humano.
ESPÍRITU y MATERIA
Esas pesquisas y revelaciones imponen una renovación en el modo de pensar espírita acerca de la relación cuerpo y Espíritu. Las expresiones místicas que conciben el Espíritu y su organismo de forma más o menos peyorativa precisan ser revisadas.
Expresiones como: "el Espíritu lo es todo, el cuerpo es nada", precisan ser revisadas porque se encajan en la visión de la vida corpórea como un exilio y colocan al alma en contraposición al organismo. En verdad cuando se dice que “el Espíritu se sirve del cuerpo” no podemos pensar uno separado del otro, como si uno fuese el conductor y el otro mero vehículo.
En la encarnación, el organismo no representa en sí mismo, un obstáculo a la manifestación del alma, como se deduce de muchas expresiones espíritas, sino un asociado al flujo de la voluntad y del pensamiento del ser, en su relación con el mundo externo.
Sin duda el Espíritu no depende del cuerpo, porque es un ser delimitado, expresivo y único. Pero en la encarnación y en la llamada vida errante, más apropiadamente designada como vida extra-física, el ser espiritual se liga necesariamente a organismos sean los creados en el proceso reproductivo humano, sea en la constitución de cuerpos de materia extra-física, el psicosoma o periespíritu, creados a la imagen del cuerpo físico y mantenidos por el pensamiento continuo.
Durante la encarnación, aunque manteniendo su identidad espiritual, el ser humano es una relación unívoca, entre el ser espiritual y el ser físico, constituyendo una unidad compleja de relación vibracional.
Aunque no se tenga una idea clara de cómo se da la ligazón mente espiritual y cerebro, está fuera de duda que la interligazón Espíritu y cuerpo se procesa en las circunvoluciones y mecanismos cerebrales.
La psicosfera personal es, así, la expresión básica de esa interrelación por proyectar combinaciones físicas y psíquicas, integrando el sistema celular con las vibraciones de la mente espiritual y del cerebro.
Al estudiar las funciones cerebrales con instrumentos cada vez más precisos, la ciencia está, a mi modo de ver, descubriendo la inmensa capacidad del Espíritu a través de la maravillosa composición de la estructura cerebral adecuada a nuestro potencial de inteligencia y sentimiento.
[Artículo de Jaci Regis - Junio de 2000]
El descubrimiento de centros cerebrales que responden a estímulos específicos, como por ejemplo, la toma de decisiones, asusta a los científicos que se preocupan con la posibilidad de que en el futuro se desarrollen mecanismos capaces de manipular las capacidad de juicio de las personas, mediante la intervención en los centros del supuesto comando de la voluntad del ser humano.
La profunda correlación entre el Espíritu y los centros cerebrales es fundamental para que pueda existir la relación existencial. Más aun, con las experiencias e investigaciones realizadas y publicadas, incluyendo el proyecto genoma que mapeó el complejo genético del cuerpo, muchos investigadores llegan a la conclusión de que ”algo” fuera del cosmos cerebral comanda sus funciones.
Aunque la investigación se realice dentro de la visión que reduce el ser humano a un organismo vivo, está claro que la existencia de núcleos específicos para determinadas funciones, lleva a la cuestión de cómo es hecha la coordinación de las respuestas e iniciativas comportamentales.
El descubrimiento de los neurotransmisores, revolucionando la comprensión sobre el funcionamiento de los impulsos cerebrales, abrió una nueva vía de estudio del comportamiento. Se atribuyó, empíricamente, que muchos comportamientos serían determinados debido al aumento o reducción de esas sustancias que ejercen innegable influencia en las reacciones humanas.
En todos esos casos, permanece el problema de quién o qué desencadena la respuesta y por qué esa respuesta es típicamente personal, creando un vacío sobre la naturaleza de la personalidad humana y la motivación profunda de las decisiones, miedos y estados mentales diferenciados.
La tentativa de cualificar genéticamente los disturbios mentales más profundos, como la esquizofrenia y procurar circunscribir desvíos de comportamiento a azares genéticos, como el alcoholismo y el homosexualismo, siguen la lógica resultante del hecho de que siendo el ser humano apenas un organismo, su comportamiento deberá necesariamente depender de la combinación aleatoria de los genes y factores circunstanciales en la estructuración corporal.
Esa lógica, por fin, llevaría a afirmar que el carácter o la personalidad son formadas aleatoriamente, al acaso; y, consecuentemente, nadie podría a rigor ser responsabilizado por comportamientos anti-sociales o agresivos, violentos, una vez que serían factores genéticos los que realmente determinarían las acciones de las personas.
El comportamiento humano es complejo y las investigaciones que lo reducen a reflejos condicionados, a acondicionamientos operantes y ejercicios de estímulo y respuestas no consiguen, como es obvio, resolver el modo como cada persona se posiciona y como reacciona tan específicamente a las condiciones del ambiente y de las presiones existenciales y afectivas.
La coordinación, ese “algo” más allá del cosmos cerebral detectado por los investigadores más atentos, es ciertamente el Espíritu, ser espiritual independiente del cuerpo, como enseña la doctrina y no un substrato psíquico desconocido que, en la visión materialista, se reduce al mismo organismo.
Para los espíritas, ese ser espiritual yuxtapuesto al organismo, lo utiliza para su compleja expresión de voluntad y percepción del mundo externo, desenvuelve una estrategia de vida muy individual, aunque necesariamente ligado solidariamente al medio ambiente familiar, social, humano.
ESPÍRITU y MATERIA
Esas pesquisas y revelaciones imponen una renovación en el modo de pensar espírita acerca de la relación cuerpo y Espíritu. Las expresiones místicas que conciben el Espíritu y su organismo de forma más o menos peyorativa precisan ser revisadas.
Expresiones como: "el Espíritu lo es todo, el cuerpo es nada", precisan ser revisadas porque se encajan en la visión de la vida corpórea como un exilio y colocan al alma en contraposición al organismo. En verdad cuando se dice que “el Espíritu se sirve del cuerpo” no podemos pensar uno separado del otro, como si uno fuese el conductor y el otro mero vehículo.
En la encarnación, el organismo no representa en sí mismo, un obstáculo a la manifestación del alma, como se deduce de muchas expresiones espíritas, sino un asociado al flujo de la voluntad y del pensamiento del ser, en su relación con el mundo externo.
Sin duda el Espíritu no depende del cuerpo, porque es un ser delimitado, expresivo y único. Pero en la encarnación y en la llamada vida errante, más apropiadamente designada como vida extra-física, el ser espiritual se liga necesariamente a organismos sean los creados en el proceso reproductivo humano, sea en la constitución de cuerpos de materia extra-física, el psicosoma o periespíritu, creados a la imagen del cuerpo físico y mantenidos por el pensamiento continuo.
Durante la encarnación, aunque manteniendo su identidad espiritual, el ser humano es una relación unívoca, entre el ser espiritual y el ser físico, constituyendo una unidad compleja de relación vibracional.
Aunque no se tenga una idea clara de cómo se da la ligazón mente espiritual y cerebro, está fuera de duda que la interligazón Espíritu y cuerpo se procesa en las circunvoluciones y mecanismos cerebrales.
La psicosfera personal es, así, la expresión básica de esa interrelación por proyectar combinaciones físicas y psíquicas, integrando el sistema celular con las vibraciones de la mente espiritual y del cerebro.
Al estudiar las funciones cerebrales con instrumentos cada vez más precisos, la ciencia está, a mi modo de ver, descubriendo la inmensa capacidad del Espíritu a través de la maravillosa composición de la estructura cerebral adecuada a nuestro potencial de inteligencia y sentimiento.
[Artículo de Jaci Regis - Junio de 2000]
8/07/2006
De la Introducción a la Revista Espírita Original
REVISTA ESPIRITA
PERIODICO DE ESTUDIOS PSICOLOGICOS
ENERO 1858
FUNDADA POR
ALLAN KARDEC
De la Introducción al primera edición de la Revista transcribimos lo siguiente:
" […] Se nos impugnará quizá la calificación de ciencia que damos al Espiritismo. No tendría sin duda, en ningún caso, los características de una ciencia exacta, y ese es precisamente el error de los que pretenden juzgarlo y experimentarlo como un análisis químico o un problema matemático; ya hace mucho que hay una ciencia filosófica. Toda ciencia debe estar basada en hechos; pero los hechos por si solos no constituyen la ciencia; la ciencia nace de la coordinación y la deducción lógica de los hechos: es el conjunto de las leyes que los rigen. ¿El Espiritismo ha llegado al estado de ciencia? Si se entiende como una ciencia perfecta, será seguramente prematuro responder afirmativamente; pero las observaciones son actualmente bastantes numerosas para poder deducir al menos principios generales, y es allí donde comienza la ciencia.
"La valoración razonada de los hechos y de las consecuencias que se derivan es pues un complemento sin el cual nuestra publicación sería de una mediocre utilidad, y no ofrecería más que un interés muy secundario para el que quiera reflexionar y darse cuenta de lo que ve. De todas formas, como nuestro objetivo es llegar a la verdad, acogeremos todas las observaciones que nos sean dirigidas, e intentaremos, hasta donde nos permitan nuestros conocimientos, o aclarar las dudas, o bien esclarecer los puntos todavía oscuros. Nuestra Revista será así una tribuna abierta, pero donde la discusión no deberá jamás salirse de las mas estrictas leyes de la convivencia. En una palabra, nosotros discutiremos, pero no disputaremos. El inconveniente del lenguaje jamás ha sido una buen argumento ante los ojos de la gente sensata; es el arma de los que no tienen otra mejor, y este arma se vuelve contra el que la envía.
"Aunque los fenómenos de que nos ocuparemos serán los producidos últimamente de una manera más general, todo prueba que tuvieron lugar desde los tiempos más remotos. Ocurre con los fenómenos naturales como con los descubrimientos que siguen al progreso del espíritu humano; desde que son parte del orden de las cosas, la causa es tan vieja como el mundo, y los efectos debieron producirse en todas las épocas. El que hoy seamos testigos de ellos no es por lo tanto un descubrimiento moderno: es la revelación de la antigüedad, pero de la antigüedad libre del círculo místico que engendraba supersticiones, de la antigüedad esclarecida por la civilización y el progreso de las cosas positivas.
"La consecuencia capital que resulta de estos fenómenos es la comunicación que los hombres pueden establecer con los seres del mundo incorpóreo, y el conocimiento que ellos pueden, dentro de ciertos límites, adquirir sobre su estado futuro. El hecho de las comunicaciones con el mundo invisible se encuentra, en términos inequívocos, en los libros bíblicos; pero por una parte, para algunos escépticos, la Biblia no es una autoridad suficiente; por otro lado, para los creyentes, estos son hechos sobrenaturales, suscitados por un favor especial de la Divinidad. Estos no serían para todo el mundo, una prueba de la generalidad de estas manifestaciones, si no los hubiésemos encontrado a miles en otras fuentes diferentes. La existencia de los Espíritus, y su intervención en el mundo corporal, está comprobada y demostrada, ya no como un hecho excepcional, sino como un principio general, en San Agustín, San Jerónimo, San Crisóstomo, San Gregorio Nacianceno y muchos otros Padres de la Iglesia. Esta creencia forma, por otra parte, la base de todos los sistemas religiosos. Los filósofos más sabios de la antigüedad la admitieron: Platón, Zoroastro, Confucio, Apuleyo, Pitágoras, Apolonio de Tiana y tantos otros. La encontramos en los misterios y los oráculos, en casa de los Griegos, los Egipcios, los Indios, los Caldeos, los Romanos, los Persas, los Chinos. La vemos sobrevivir a todas las vicisitudes de los pueblos, a todas las persecuciones, ganar todas las revoluciones físicas y morales de la humanidad. Más tarde la encontramos en los adivinadores y hechiceros de la edad media, en los Willis y las Walkirias de Escandinavia, los Elfos de los Teutones, los Leschies y los Domeschnies Doughi de los Eslavos, los Ourisks y los Brownies de Escocia, los Poulpicans y los Tensarpoulicts de Bretaña, los Cémis del Caribe, en una palabra en toda la falange de las ninfas, de los genios buenos y malos, de los silfos, de los gnomos, de las hadas, de los duendes que han poblado el espacio de todas las naciones.[…}"
PERIODICO DE ESTUDIOS PSICOLOGICOS
ENERO 1858
FUNDADA POR
ALLAN KARDEC
De la Introducción al primera edición de la Revista transcribimos lo siguiente:
" […] Se nos impugnará quizá la calificación de ciencia que damos al Espiritismo. No tendría sin duda, en ningún caso, los características de una ciencia exacta, y ese es precisamente el error de los que pretenden juzgarlo y experimentarlo como un análisis químico o un problema matemático; ya hace mucho que hay una ciencia filosófica. Toda ciencia debe estar basada en hechos; pero los hechos por si solos no constituyen la ciencia; la ciencia nace de la coordinación y la deducción lógica de los hechos: es el conjunto de las leyes que los rigen. ¿El Espiritismo ha llegado al estado de ciencia? Si se entiende como una ciencia perfecta, será seguramente prematuro responder afirmativamente; pero las observaciones son actualmente bastantes numerosas para poder deducir al menos principios generales, y es allí donde comienza la ciencia.
"La valoración razonada de los hechos y de las consecuencias que se derivan es pues un complemento sin el cual nuestra publicación sería de una mediocre utilidad, y no ofrecería más que un interés muy secundario para el que quiera reflexionar y darse cuenta de lo que ve. De todas formas, como nuestro objetivo es llegar a la verdad, acogeremos todas las observaciones que nos sean dirigidas, e intentaremos, hasta donde nos permitan nuestros conocimientos, o aclarar las dudas, o bien esclarecer los puntos todavía oscuros. Nuestra Revista será así una tribuna abierta, pero donde la discusión no deberá jamás salirse de las mas estrictas leyes de la convivencia. En una palabra, nosotros discutiremos, pero no disputaremos. El inconveniente del lenguaje jamás ha sido una buen argumento ante los ojos de la gente sensata; es el arma de los que no tienen otra mejor, y este arma se vuelve contra el que la envía.
"Aunque los fenómenos de que nos ocuparemos serán los producidos últimamente de una manera más general, todo prueba que tuvieron lugar desde los tiempos más remotos. Ocurre con los fenómenos naturales como con los descubrimientos que siguen al progreso del espíritu humano; desde que son parte del orden de las cosas, la causa es tan vieja como el mundo, y los efectos debieron producirse en todas las épocas. El que hoy seamos testigos de ellos no es por lo tanto un descubrimiento moderno: es la revelación de la antigüedad, pero de la antigüedad libre del círculo místico que engendraba supersticiones, de la antigüedad esclarecida por la civilización y el progreso de las cosas positivas.
"La consecuencia capital que resulta de estos fenómenos es la comunicación que los hombres pueden establecer con los seres del mundo incorpóreo, y el conocimiento que ellos pueden, dentro de ciertos límites, adquirir sobre su estado futuro. El hecho de las comunicaciones con el mundo invisible se encuentra, en términos inequívocos, en los libros bíblicos; pero por una parte, para algunos escépticos, la Biblia no es una autoridad suficiente; por otro lado, para los creyentes, estos son hechos sobrenaturales, suscitados por un favor especial de la Divinidad. Estos no serían para todo el mundo, una prueba de la generalidad de estas manifestaciones, si no los hubiésemos encontrado a miles en otras fuentes diferentes. La existencia de los Espíritus, y su intervención en el mundo corporal, está comprobada y demostrada, ya no como un hecho excepcional, sino como un principio general, en San Agustín, San Jerónimo, San Crisóstomo, San Gregorio Nacianceno y muchos otros Padres de la Iglesia. Esta creencia forma, por otra parte, la base de todos los sistemas religiosos. Los filósofos más sabios de la antigüedad la admitieron: Platón, Zoroastro, Confucio, Apuleyo, Pitágoras, Apolonio de Tiana y tantos otros. La encontramos en los misterios y los oráculos, en casa de los Griegos, los Egipcios, los Indios, los Caldeos, los Romanos, los Persas, los Chinos. La vemos sobrevivir a todas las vicisitudes de los pueblos, a todas las persecuciones, ganar todas las revoluciones físicas y morales de la humanidad. Más tarde la encontramos en los adivinadores y hechiceros de la edad media, en los Willis y las Walkirias de Escandinavia, los Elfos de los Teutones, los Leschies y los Domeschnies Doughi de los Eslavos, los Ourisks y los Brownies de Escocia, los Poulpicans y los Tensarpoulicts de Bretaña, los Cémis del Caribe, en una palabra en toda la falange de las ninfas, de los genios buenos y malos, de los silfos, de los gnomos, de las hadas, de los duendes que han poblado el espacio de todas las naciones.[…}"
8/05/2006
Falta de formación doctrinaria
Sin una buena formación, no tendremos un movimiento espírita cohesivo y coherente. Y, sin cohesión y coherencia, no tendremos Espiritismo. Esa es la razón por que los Espíritus Superiores confiaron a las manos de Kardec el pesado trabajo de la Codificación. Kardec hubo de cargar solito, con la ejecución de esa obra gigantesca. Porque sólo él estaba en condiciones de realizarla. ¿Después de Kardec, qué vimos? León Denís fue el único de sus discípulos que consiguió mantenerse a la altura del maestro, contribuyendo vigorosamente para la consolidación de la Doctrina. Era, aparentemente, el menos indicado. No tenía la formación cultural de Kardec, residía en la provincia, no convivió con él, pero supo comprender la posición metodológica del Espiritismo y no la confundía con los desvaríos espiritualistas de la época.
Después de Denís, fue el diluvio. La Revista Espírita se convirtió un saco de gatos. La sociedad Parisiense naufragó en aguas turbias. La Ciencia y la Filosofía Espíritas quedaron olvidadas. El aspecto religioso de la Doctrina se descarriló en la ignorancia y en el fanatismo. Los sucesores de Kardec en Francia fracasaron completamente en la conservación de la llama espírita. Y, cuando el árbol del Espiritismo fue transplantado para el Brasil, según la expresión de Humberto de Campos, llegó cargado de parásitos mortales que, en lugar de extirpar, tratamos de cultivar y aumentar con las plagas de la tierra.
¿Todo eso por qué? Por falta pura y simple de formación doctrinaria. La prueba está ahí, bien visible, en el fluidismo y en el oscurantismo que dominan nuestro movimiento en Brasil y en el Mundo. Los pocos estudiosos, que profundizaron en el estudio de Kardec, viven como náufragos en un mar tempestuoso, luchando sin cesar, con los mismos destrozos de siempre. No hay estudio sistemático y serio de la Doctrina. Y lo que es más grave, hay evidentes síntomas de fascinación de las tinieblas, en vastos sectores representativos que, por increíble que parezca, combaten por todos los medios el desenvolvimiento de la cultura espírita.
Mientras no comprendamos que Espiritismo es cultura, las tentativas de unificación de nuestro movimiento no darán resultados reales. Darán aproximaciones ripiadas de conflictos, aumento cuantitativo de adeptos ineptos, estimulación peligrosa de mesianismos individuales y de grupos. Flammarion, que nunca entendió realmente la posición de Kardec, y llegó a decir que éste hizo una obra un tanto personal, como se ve en su famoso discurso al pié del túmulo, tuvo, sin embargo, una intuición feliz cuando lo llamó “el buen sentido encarnado”.
Ese buen sentido es lo que nos falta. Parece haberse desencarnado con Kardec, y volatilizado con Denís. Hoy, estamos en la era del contra-sentido. Los mismos órganos de divulgación doctrinaria que pregonan el oscurantismo, exhiben pavoneos de erudición personalista, en nombre de una cultura inexistente. Porque cultura no es erudición, libros acomodados en los estantes y ficheros en orden para consultas ocasionales. Cultura es asimilación de conocimientos y buen sentido en acción.
¿Qué hacer frente a esa situación? Cuidar de la formación espírita de las nuevas generaciones, sin olvidar la alfabetización de adultos. Moral: ese es el recurso. Tenemos que organizar la Moral del Espíritu. y comenzar todo de nuevo, por las primeras letras. Mas, eso en conjunto, agrupando elementos capaces, de mente aireada y corazón abierto. Fue por eso que propuso la creación de las Escuelas de Espiritismo, a nivel universitario, dotadas de amplios currículos de formación cultural espírita.
Pueden decir que hay contradicciones entre Moral y nivel universitario. Mas, se nota, que hablamos de Moral del Espíritu. La Cultura Espírita es el desarrollo de la cultura académica, es el seguimiento natural de la cultura actual, en que se mezclan elementos cristianos, paganos y ateos. Para iniciarse en la cultura espírita, el estudiante debe poseer las bases de la cultura anterior. "Todo se encadena en el Universo", como enseña, repetidamente, El Libro de los Espíritus. Quien no comprende ese encadenamiento, ha de iniciar por la Moral. No hay otra forma de adaptarlo a las nuevas exigencias de la nueva cultura.
La verdad desnuda y cruda es que nadie conoce Espiritismo. Nadie, ni en Brasil y ni el Mundo. Estamos todos aprendiendo todavía de manera torcida.
Y si me permito escribir esto, es porque aprendí, a duras penas, a conocer mi propia indigencia. En el Espiritismo, como ya se daba en el Cristianismo y en la propia filosofía griega, lo que vale es el método socrático.
Hemos, antes de todo, de comprender que nada sabemos. Entonces, estaremos, por lo menos, conscientes de nuestra ignorancia y ser capaces de aprender.
Pero, ¿aprender con quién? ¿Solos, como autodidactas, obteniendo nuestras propias lecciones de los textos, confiados en las luces de nuestra ignorancia? ¿Recibiendo lecciones de otros que gatean como nosotros, pero que se inflan el pecho de auto-suficiencia y pretensión? Claro que no. Al menos eso debemos saber. Hemos de trabajar en conjunto, reuniendo compañeros sensatos, bien intencionados, no fascinados por mistificaciones groseras y evidentes, capaces de humildad real, probada por actos y actitudes. Así conjugados, podremos aprender de Kardec, estudiando sus obras, buceando en sus textos, recordando de que fue él y sólo él a quien le incumbió transmitirnos el legado del Espíritu de Verdad.
Kardec es nuestra piedra de toque. No por ser Kardec, sino por ser el intérprete humilde que fue, el hombre sincero y puro al servicio de los Espíritus Instructores.
Es eso lo que debemos tener en las Escuelas de Espiritismo.
No Facultades, ni Academias, sino, simplemente, Escuelas. El sistema universitario implica pesquisas, colaboración entre profesores y alumnos, trabajo conjugado y sin presunción de superioridad de parte de nadie. El simposio y el seminario, el libre-debate, en fin, es lo que resuelve, y no el magister del pasado. El espíritu universitario, por eso mismo, es lo que mejor corresponde a la escuela espírita. En un ambiente así, los Espíritus Instructores dispondrán de medios para auxiliar los estudiantes sinceros y sin pretensiones.
La formación espírita exige enseñaza metódica mas, al mismo tiempo, libre. Fue lo que los Espíritus dieron a Kardec: una enseñanza de la que él mismo participaba, interrogando los maestros y discutiendo con ellos. Por eso, no hubo infiltración de mistificadores en la obra entera, en ese bloque de lógica y buen sentido, que abarca los cinco libros fundamentales de la Codificación, los volúmenes introductorios y los volúmenes de la Revista Espírita, redactados por él durante casi doce años de trabajo incesante.
Esa obra gigantesca es la plataforma del futuro, el fundamento y el plano de un nuevo mundo, de una nueva civilización. Sería absurdo pensar que podemos dominar ese vasto acervo de conocimientos nuevos, de conceptos revolucionarios, a través de simples lecturas individuales, sin método y sin pesquisa. Nuestro papel, en el Espiritismo, ha sido el de monos en tienda de fruslerías. Es increíble la liviandad con que oradores y articulistas espíritas tratan ciertos temas, con una falsa suficiencia de causar escalofríos (deslumbrar), lanzando confusiones ridículas en el medio doctrinario. Hemos de comprender que eso no puede continuar. Llena de arengas melifluas en los Centros, de oratoria descabellada, de auditorios necios, batiendo palmas y palabras pomposas. Nada de eso es Espiritismo. Los conferencistas espíritas precisan enseñar Espiritismo —que nadie conoce— pero para eso precisan, primero aprenderlo.
Precisamos de expositores didácticos, servidos por buen conocimiento doctrinario, arduamente adquirido en estudios y pesquisas. Exponer los temas fundamentales de la Doctrina, no es hablar bonito, con trozos pretendidamente literarios, que sólo sirven para rellenar vanidad, a la manera de la oratoria presuntuosa del siglo pasado.
Ese palabrerío vacío y presuntuoso no construyó nada y sólo sirve para poner en ridículo el Espiritismo ante la mentalidad positiva y analítica de nuestro tiempo.
Estamos en una fase avanzada de la evolución terrena. Nuestra cultura creció espantosamente en los últimos años y ya está llegando a la confluencia de los principios espíritas en todos los campos. Nuestra falta de formación cultural espírita no nos permite enfrentar la barrera de los preconceptos para demostrar al mundo que Espiritismo, como escribió Humberto Mariotti, es una estrella de amor que espera en el horizonte del mundo el avance de las ciencias. Es curiosa y ridícula nuestra situación.
Tenemos el futuro en las manos y en nos quedamos enclavados en el pasado mitológico y en las querellas medievales.
Pero, para superar esa situación, tenemos de aprender con Kardec. Los que pretenden superar a Kardec, no lo conocen. Si lo conociesen, no asumirían la posición ridícula de críticos e innovadores de lo que, en verdad, ignoran. Llegamos a una hora de definiciones.
Precisamos definir la posición cultural espírita frente a la nueva cultura de los tiempos nuevos. Y sólo haremos eso a través de organismos culturales bien estructurados, funcionales, dotados de recursos escolares capaces de proveer, a los más aptos y más sinceros, la formación cultural que todos necesitamos, con urgencia.
(Del libro "El Misterio del Bien y del Mal" de José Herculano Pires)
Después de Denís, fue el diluvio. La Revista Espírita se convirtió un saco de gatos. La sociedad Parisiense naufragó en aguas turbias. La Ciencia y la Filosofía Espíritas quedaron olvidadas. El aspecto religioso de la Doctrina se descarriló en la ignorancia y en el fanatismo. Los sucesores de Kardec en Francia fracasaron completamente en la conservación de la llama espírita. Y, cuando el árbol del Espiritismo fue transplantado para el Brasil, según la expresión de Humberto de Campos, llegó cargado de parásitos mortales que, en lugar de extirpar, tratamos de cultivar y aumentar con las plagas de la tierra.
¿Todo eso por qué? Por falta pura y simple de formación doctrinaria. La prueba está ahí, bien visible, en el fluidismo y en el oscurantismo que dominan nuestro movimiento en Brasil y en el Mundo. Los pocos estudiosos, que profundizaron en el estudio de Kardec, viven como náufragos en un mar tempestuoso, luchando sin cesar, con los mismos destrozos de siempre. No hay estudio sistemático y serio de la Doctrina. Y lo que es más grave, hay evidentes síntomas de fascinación de las tinieblas, en vastos sectores representativos que, por increíble que parezca, combaten por todos los medios el desenvolvimiento de la cultura espírita.
Mientras no comprendamos que Espiritismo es cultura, las tentativas de unificación de nuestro movimiento no darán resultados reales. Darán aproximaciones ripiadas de conflictos, aumento cuantitativo de adeptos ineptos, estimulación peligrosa de mesianismos individuales y de grupos. Flammarion, que nunca entendió realmente la posición de Kardec, y llegó a decir que éste hizo una obra un tanto personal, como se ve en su famoso discurso al pié del túmulo, tuvo, sin embargo, una intuición feliz cuando lo llamó “el buen sentido encarnado”.
Ese buen sentido es lo que nos falta. Parece haberse desencarnado con Kardec, y volatilizado con Denís. Hoy, estamos en la era del contra-sentido. Los mismos órganos de divulgación doctrinaria que pregonan el oscurantismo, exhiben pavoneos de erudición personalista, en nombre de una cultura inexistente. Porque cultura no es erudición, libros acomodados en los estantes y ficheros en orden para consultas ocasionales. Cultura es asimilación de conocimientos y buen sentido en acción.
¿Qué hacer frente a esa situación? Cuidar de la formación espírita de las nuevas generaciones, sin olvidar la alfabetización de adultos. Moral: ese es el recurso. Tenemos que organizar la Moral del Espíritu. y comenzar todo de nuevo, por las primeras letras. Mas, eso en conjunto, agrupando elementos capaces, de mente aireada y corazón abierto. Fue por eso que propuso la creación de las Escuelas de Espiritismo, a nivel universitario, dotadas de amplios currículos de formación cultural espírita.
Pueden decir que hay contradicciones entre Moral y nivel universitario. Mas, se nota, que hablamos de Moral del Espíritu. La Cultura Espírita es el desarrollo de la cultura académica, es el seguimiento natural de la cultura actual, en que se mezclan elementos cristianos, paganos y ateos. Para iniciarse en la cultura espírita, el estudiante debe poseer las bases de la cultura anterior. "Todo se encadena en el Universo", como enseña, repetidamente, El Libro de los Espíritus. Quien no comprende ese encadenamiento, ha de iniciar por la Moral. No hay otra forma de adaptarlo a las nuevas exigencias de la nueva cultura.
La verdad desnuda y cruda es que nadie conoce Espiritismo. Nadie, ni en Brasil y ni el Mundo. Estamos todos aprendiendo todavía de manera torcida.
Y si me permito escribir esto, es porque aprendí, a duras penas, a conocer mi propia indigencia. En el Espiritismo, como ya se daba en el Cristianismo y en la propia filosofía griega, lo que vale es el método socrático.
Hemos, antes de todo, de comprender que nada sabemos. Entonces, estaremos, por lo menos, conscientes de nuestra ignorancia y ser capaces de aprender.
Pero, ¿aprender con quién? ¿Solos, como autodidactas, obteniendo nuestras propias lecciones de los textos, confiados en las luces de nuestra ignorancia? ¿Recibiendo lecciones de otros que gatean como nosotros, pero que se inflan el pecho de auto-suficiencia y pretensión? Claro que no. Al menos eso debemos saber. Hemos de trabajar en conjunto, reuniendo compañeros sensatos, bien intencionados, no fascinados por mistificaciones groseras y evidentes, capaces de humildad real, probada por actos y actitudes. Así conjugados, podremos aprender de Kardec, estudiando sus obras, buceando en sus textos, recordando de que fue él y sólo él a quien le incumbió transmitirnos el legado del Espíritu de Verdad.
Kardec es nuestra piedra de toque. No por ser Kardec, sino por ser el intérprete humilde que fue, el hombre sincero y puro al servicio de los Espíritus Instructores.
Es eso lo que debemos tener en las Escuelas de Espiritismo.
No Facultades, ni Academias, sino, simplemente, Escuelas. El sistema universitario implica pesquisas, colaboración entre profesores y alumnos, trabajo conjugado y sin presunción de superioridad de parte de nadie. El simposio y el seminario, el libre-debate, en fin, es lo que resuelve, y no el magister del pasado. El espíritu universitario, por eso mismo, es lo que mejor corresponde a la escuela espírita. En un ambiente así, los Espíritus Instructores dispondrán de medios para auxiliar los estudiantes sinceros y sin pretensiones.
La formación espírita exige enseñaza metódica mas, al mismo tiempo, libre. Fue lo que los Espíritus dieron a Kardec: una enseñanza de la que él mismo participaba, interrogando los maestros y discutiendo con ellos. Por eso, no hubo infiltración de mistificadores en la obra entera, en ese bloque de lógica y buen sentido, que abarca los cinco libros fundamentales de la Codificación, los volúmenes introductorios y los volúmenes de la Revista Espírita, redactados por él durante casi doce años de trabajo incesante.
Esa obra gigantesca es la plataforma del futuro, el fundamento y el plano de un nuevo mundo, de una nueva civilización. Sería absurdo pensar que podemos dominar ese vasto acervo de conocimientos nuevos, de conceptos revolucionarios, a través de simples lecturas individuales, sin método y sin pesquisa. Nuestro papel, en el Espiritismo, ha sido el de monos en tienda de fruslerías. Es increíble la liviandad con que oradores y articulistas espíritas tratan ciertos temas, con una falsa suficiencia de causar escalofríos (deslumbrar), lanzando confusiones ridículas en el medio doctrinario. Hemos de comprender que eso no puede continuar. Llena de arengas melifluas en los Centros, de oratoria descabellada, de auditorios necios, batiendo palmas y palabras pomposas. Nada de eso es Espiritismo. Los conferencistas espíritas precisan enseñar Espiritismo —que nadie conoce— pero para eso precisan, primero aprenderlo.
Precisamos de expositores didácticos, servidos por buen conocimiento doctrinario, arduamente adquirido en estudios y pesquisas. Exponer los temas fundamentales de la Doctrina, no es hablar bonito, con trozos pretendidamente literarios, que sólo sirven para rellenar vanidad, a la manera de la oratoria presuntuosa del siglo pasado.
Ese palabrerío vacío y presuntuoso no construyó nada y sólo sirve para poner en ridículo el Espiritismo ante la mentalidad positiva y analítica de nuestro tiempo.
Estamos en una fase avanzada de la evolución terrena. Nuestra cultura creció espantosamente en los últimos años y ya está llegando a la confluencia de los principios espíritas en todos los campos. Nuestra falta de formación cultural espírita no nos permite enfrentar la barrera de los preconceptos para demostrar al mundo que Espiritismo, como escribió Humberto Mariotti, es una estrella de amor que espera en el horizonte del mundo el avance de las ciencias. Es curiosa y ridícula nuestra situación.
Tenemos el futuro en las manos y en nos quedamos enclavados en el pasado mitológico y en las querellas medievales.
Pero, para superar esa situación, tenemos de aprender con Kardec. Los que pretenden superar a Kardec, no lo conocen. Si lo conociesen, no asumirían la posición ridícula de críticos e innovadores de lo que, en verdad, ignoran. Llegamos a una hora de definiciones.
Precisamos definir la posición cultural espírita frente a la nueva cultura de los tiempos nuevos. Y sólo haremos eso a través de organismos culturales bien estructurados, funcionales, dotados de recursos escolares capaces de proveer, a los más aptos y más sinceros, la formación cultural que todos necesitamos, con urgencia.
(Del libro "El Misterio del Bien y del Mal" de José Herculano Pires)
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