A pesar de las dificultades que enfrenta contra el preconcepto y la ignorancia, el Espiritismo triunfará.
Como los Espíritus Superiores dijeran a Allan Kardec, el Espiritismo está en la naturaleza y nada se le podrá oponer.
Entretanto, al contrario de lo que muchos piensan, el Espiritismo no logrará la adhesión de las masas a sus postulados, como si de un instante para otro, todos se le rindiesen a su lógica insofismable.
La conversión a la Doctrina Espírita, semejante a lo que aconteció con el Cristianismo, acontecerá de manera individual, subordinándose a la madurez de cada alma.
Es lo que hemos visto acontecer en todas partes...
Llegado el momento, aunque sin tener siquiera conocimiento de la existencia de la filosofía espírita, los hombres, intuitivamente, abrazan sus principios y se tornan partidarios de la Reencarnación, de la Ley de Causa e Efecto, de la Mediumnidad, de la Pluralidad de los Mundos Habitados...
Acontece con los hombres de hoy, en relación a la conversión espírita, lo que aconteció con los cristianos de los primeros tiempos, cuando, dejando todo lo que estaban hacendó, se decidían a seguir al Nazareno, atraídos por la sinceridad de sus palabras.
En este sentido, además queremos resaltar que, aunque el fenómeno mediúmnico sea un camino para la conversión de los hombres a la realidad del Mundo Invisible, la conversión genuina que se opera en profundidad es aquella que es fruto de la razón. Los que se convencen porque vieron podrán dudar más tarde, creyéndose víctimas de la ilusión, mas los que se convierten porque entendieron jamás desfallecerán en la fe, sean cuales fueren los motivos de la decepción que vengan a sufrir.
Así, prosigamos en la tarea de la divulgación espírita, sin otra ansiedad que no sea la de vivenciar los postulados del Espiritismo. Preocupándonos con la construcción del Reino de Dios en nosotros, estaremos dando nuestra más efectiva colaboración para su edificación sobre la Tierra.
Abracemos el Espiritismo con tranquilidad, sin la preocupación de imponer nuestra filosofía a los otros, porque la violencia no consta en las Leyes que rigen la Vida.
Deolindo Amorim
(Del libro "Hermanos del Camino", - Carlos A. Baccelli - Espíritus Diversos"
9/09/2006
9/08/2006
EL ESPIRITISMO y la Ciencia
A pesar de todas las luces acumuladas en milenios de civilización, hasta mediados del siglo XIX aún no surgiera una tentativa racional, basada en métodos científicos, de establecer un puente de relación entre la Ciencia - materialista - y la inmaterialidad del Espíritu. En 1857 surgió la Doctrina Espírita, codificada por ALLAN KARDEC a partir de mensajes de los espíritus. Con ella, fundamentada en bases experimentales, fueron definitivamente establecidas concepciones bastante avanzadas con respecto a la existencia de un universo (o dimensión) diferente de nuestro mundo palpitante de vida. El trabajo y las investigaciones de KARDEC nos llevaron más allá: posibilitaron el intercambio entre nuestro mundo o dimensión y ese otro - con base en el hecho de que los habitantes de uno y de otro son los mismos hombres, diferentes apenas en razón de ropaje - carnal o inmaterial.
Con el primer puente entre dos universos, KARDEC posibilitó el estudio y el mejor entendimiento del Hombre en su doble aspecto - material y espiritual. Leyes fueron reveladas, iluminando el "conócete a ti mismo". Y se descifraron muchos misterios del Hombre, visto como un continuo espacio-temporal, con todo un cortejo de implicaciones. En resultado, nuevas concepciones nacieron y las enseñanzas evangélicas dejaron el polvo de los altares para transformarse en filosofía de vida.
Al contrario de la Ciencia, es en el campo del alma que la Doctrina Espirita (o de los Espíritus) construyó la comprensión del Hombre y, con ella, la terapéutica racional de las perturbaciones de la mente. La obsesión, causa más común de esas perturbaciones, están siendo brillantemente ecuacionada por la terapia espiritual - mucho más lógica y efectiva - con resultados que satisfacen plenamente las ansias del enfermo y de los obsesores.
Es lamentable que la Medicina todavía no permita (por lo menos oficialmente) la utilización de técnicas de tratamiento espiritual en hospitales de alienados, pues eso dificulta - cuando no impide- la recuperación de los enfermos. El Hombre-Espiritu inmortal, que preexiste a la cuna y sobrevive al túmulo, necesita de técnicas más depuradas (erigidas con base en conceptos que transcienden el Tiempo) y de tratamientos que incluyan el espíritu, principalmente en los casos en que los males detectados lo prueben, directamente.
Tal actitud debería ser aceptable hasta por principio elemental de lógica: se existe espíritu y es éste el doliente, el tratamiento indicado obviamente debería ser espiritual; tratar mente y espíritu con terapéutica para el cuerpo físico constituye práctica más que ilógica, un verdadero absurdo. Sin embargo, es exactamente eso lo que hace la Medicina.
La sola aceptación de la realidad del Hombre-Espíritu, tal como enseñada por las doctrinas espiritualistas y por el Espiritismo, ya iluminaría los horizontes de nuestra Especie. Mas la doctrina Espírita va más lejos. Demuestra la posibilidad de intercambio con los habitantes de aquella dimensión paralela: personas que, aunque sin cuerpo carnal, conservan la mente y las emociones; personas que pueden, bajo ciertas condiciones, interferir negativa o positivamente en nuestra existencia.
Tal como las corrientes filosóficas orientales, el Espiritismo se basa en principios de Palingenesia (resurrección) o reencarnación - con que se explica la Ley de la Evolución. Además de eso, incorpora en sus enseñanzas la antiquísima (y brahmánica) Ley del Karma, o ley de irresponsabilidad personal, a través de la cual débitos y desvíos morales son rescatados a lo largo de múltiples existencias, en que también se adquieren los valores positivos imprescindibles al perfeccionamiento de nuestro ser inmoral.
Nada de eso es aceptado por la Ciencia, aunque tal acervo de principios y leyes constituya una doctrina antes de todo práctica, que ilumina, y muy bien, las causas de los fenómenos de naturaleza inmaterial. (Dolencias psicogénicas, por ejemplo.) El Espiritismo demuestra que la mayoría de las enfermedades, psíquicas y físicas, son del Espíritu; exigen, por tanto tratamiento espiritual - con técnicas especificas."
MATERIA - ENERGIA - ESPACIO (UN TRINOMIO INTERCAMBIABLE)
Según la Física Quántica, la materia se disuelve en Energía y, ésta, en algo desconocido. Ese algo desconocido, sin embargo, nada más es que ... ¡Espacio!
El Espacio es la ultima consecuencia, el último estadio de degradación energética en el trayecto de la Materia, para la aparente "nada". Por otro lado, si quisiéramos partir de la "nada" en dirección a la Materia, nuestro punto de partida sería el Espacio - repositorio de todo cuanto existe - hasta llegar a los metales pesados, en largo y complejo proceso de densificación paulatino. La Materia, por tanto, es en último análisis, condensación del Espacio. Y la Energía, con su inmenso despliegue de fajas vibratorias, el estadio intermediario entre Espacio y Materia. Ese estadio intermediario es formado por la deformación del Espacio en un estado tensional."
------------------------------------------------------------------
N. R. -Extraido del libro del médico José Lacerda de Acevedo
"Espíritu/Materia”: Nuevos Horizontes para la Medicina".
Por: Ivvete & Horst Kalvelage, Canterbury, NEW ZEALAND
kalvelh@tui.lincoln.ac.n
Con el primer puente entre dos universos, KARDEC posibilitó el estudio y el mejor entendimiento del Hombre en su doble aspecto - material y espiritual. Leyes fueron reveladas, iluminando el "conócete a ti mismo". Y se descifraron muchos misterios del Hombre, visto como un continuo espacio-temporal, con todo un cortejo de implicaciones. En resultado, nuevas concepciones nacieron y las enseñanzas evangélicas dejaron el polvo de los altares para transformarse en filosofía de vida.
Al contrario de la Ciencia, es en el campo del alma que la Doctrina Espirita (o de los Espíritus) construyó la comprensión del Hombre y, con ella, la terapéutica racional de las perturbaciones de la mente. La obsesión, causa más común de esas perturbaciones, están siendo brillantemente ecuacionada por la terapia espiritual - mucho más lógica y efectiva - con resultados que satisfacen plenamente las ansias del enfermo y de los obsesores.
Es lamentable que la Medicina todavía no permita (por lo menos oficialmente) la utilización de técnicas de tratamiento espiritual en hospitales de alienados, pues eso dificulta - cuando no impide- la recuperación de los enfermos. El Hombre-Espiritu inmortal, que preexiste a la cuna y sobrevive al túmulo, necesita de técnicas más depuradas (erigidas con base en conceptos que transcienden el Tiempo) y de tratamientos que incluyan el espíritu, principalmente en los casos en que los males detectados lo prueben, directamente.
Tal actitud debería ser aceptable hasta por principio elemental de lógica: se existe espíritu y es éste el doliente, el tratamiento indicado obviamente debería ser espiritual; tratar mente y espíritu con terapéutica para el cuerpo físico constituye práctica más que ilógica, un verdadero absurdo. Sin embargo, es exactamente eso lo que hace la Medicina.
La sola aceptación de la realidad del Hombre-Espíritu, tal como enseñada por las doctrinas espiritualistas y por el Espiritismo, ya iluminaría los horizontes de nuestra Especie. Mas la doctrina Espírita va más lejos. Demuestra la posibilidad de intercambio con los habitantes de aquella dimensión paralela: personas que, aunque sin cuerpo carnal, conservan la mente y las emociones; personas que pueden, bajo ciertas condiciones, interferir negativa o positivamente en nuestra existencia.
Tal como las corrientes filosóficas orientales, el Espiritismo se basa en principios de Palingenesia (resurrección) o reencarnación - con que se explica la Ley de la Evolución. Además de eso, incorpora en sus enseñanzas la antiquísima (y brahmánica) Ley del Karma, o ley de irresponsabilidad personal, a través de la cual débitos y desvíos morales son rescatados a lo largo de múltiples existencias, en que también se adquieren los valores positivos imprescindibles al perfeccionamiento de nuestro ser inmoral.
Nada de eso es aceptado por la Ciencia, aunque tal acervo de principios y leyes constituya una doctrina antes de todo práctica, que ilumina, y muy bien, las causas de los fenómenos de naturaleza inmaterial. (Dolencias psicogénicas, por ejemplo.) El Espiritismo demuestra que la mayoría de las enfermedades, psíquicas y físicas, son del Espíritu; exigen, por tanto tratamiento espiritual - con técnicas especificas."
MATERIA - ENERGIA - ESPACIO (UN TRINOMIO INTERCAMBIABLE)
Según la Física Quántica, la materia se disuelve en Energía y, ésta, en algo desconocido. Ese algo desconocido, sin embargo, nada más es que ... ¡Espacio!
El Espacio es la ultima consecuencia, el último estadio de degradación energética en el trayecto de la Materia, para la aparente "nada". Por otro lado, si quisiéramos partir de la "nada" en dirección a la Materia, nuestro punto de partida sería el Espacio - repositorio de todo cuanto existe - hasta llegar a los metales pesados, en largo y complejo proceso de densificación paulatino. La Materia, por tanto, es en último análisis, condensación del Espacio. Y la Energía, con su inmenso despliegue de fajas vibratorias, el estadio intermediario entre Espacio y Materia. Ese estadio intermediario es formado por la deformación del Espacio en un estado tensional."
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N. R. -Extraido del libro del médico José Lacerda de Acevedo
"Espíritu/Materia”: Nuevos Horizontes para la Medicina".
Por: Ivvete & Horst Kalvelage, Canterbury, NEW ZEALAND
kalvelh@tui.lincoln.ac.n
9/02/2006
Reflexiones y actitudes
"La vanidad de ciertos hombres, que juzgan saber todo y todo quieren explicar a su modo, dará nacimiento a opiniones disidentes. Mas todos los que tuvieren en vista el gran principio de Jesús se confundirán en un solo sentimiento: el de amor al bien y se unirán por un lazo fraterno, que prenderá al mundo entero. Estos dejarán de lado las miserables cuestiones de palabras, para solo ocuparse con lo que es esencial. Y la doctrina será siempre la misma, en cuanto al fondo, para todos los que recibimos comunicaciones de los Espíritus superiores." [1].
Se comprende que en nuestra vida común estamos delante de situaciones que exigen una posición práctica delante de los hechos.
Cuando alguien dice: fulano esta casado pero tiene una amante mayor, en general, la primera actitud no es la de la formulación de teorías que justifiquen o no la aceptación de esa verdad. Porque la verificación de ella es cosa tan ordinaria cuanto el propio hecho, su aceptación es muy simple. No se da lo mismo, aun con ciertas nociones y concepciones del mundo que nos rodea.
Mucho menos con aquellas con respecto a la Doctrina Espírita. Una vez más recurrimos a ejemplos simples de la ciencia. La afirmación: "la Tierra gira con movimiento circular en torno del Sol", parece, si aplicamos el criterio de aceptación vulgar, una afirmación libre de ambigüedades.
Nuestras mentes forman instantáneamente una idea perfectamente clara de su significado. Por más increíble que parezca, no en tanto, su validez no puede ser deducida de la misma forma como en el ejemplo de la frase anterior. Ella no era ni un poco valida a los pueblos antiguos, por que no era bien eso lo que ellos constataban cuando veían al Sol levantarse y ponerse todos los días, en aparente movimiento circular alrededor de la Tierra. Ella fue la propia expresión de la verdad para Nicolás Copernico (1540) en su nueva formulación del sistema del Mundo. Para él, la Tierra sí giraba circularmente en torno del Sol.
Ella dejó de tener validez para los astrónomos posteriores, en particular Johannes Kepler (1630) que descubrió que el movimiento, de hecho, no era circular sino elíptico con el Sol ocupando uno de los focos de la elipse.
Esa ultima conclusión de Kepler dejó de ser válida con Isaac Newton (1670) y su teoría de la gravitación universal.
Para Newton (así como para toda la mecánica clásica que él fundó), el movimiento solo sería elíptico si en el Universo solamente el Sol y la Tierra existiesen.
Desde que hay otros cuerpos (no podemos olvidar la Luna) el movimiento pasa a ser perturbado. Muy aproximadamente la tierra giraría describiendo una roseta alrededor del Sol por causa del movimiento de precesión de los ábsides de la orbita descrita por ella, en términos exactos si, aun, en el Universo, existiese otro cuerpo mas allá de la Tierra y del Sol, el movimiento de aquella jamás sería descrito de una manera simple. Una vez más, esa afirmación dejó de ser valida para Albert Einstein (1905), que descubrió los efectos relativisticos no despreciables.
Para Einstein, aunque no existiese ningún otro cuerpo en el Universo sino solamente la Tierra y el Sol, todavía así el movimiento sería el de una roseta con una presesión de los ábsides extremadamente lenta para la Tierra. La existencia de otros cuerpos no alteraría mucho la descripción de Newton, aunque el movimiento se volviese todavía más complejo. Tal ejemplo nos muestra cuan difícil es la descripción de la verdad relacionada al objeto de investigación de la ciencia ordinaria, la materia.
La lección que se obtiene no es la de que cierta concepción anterior halla dejado de ser válida (decretada como herética en la visión por dogmas). Al contrario, las construcciones científicas presentes se fundamentan explícitamente en aquellas del pasado.
Para nosotros la memoria de los antiguos astrónomos debe ser tan venerable cuanto la de los más recientes. Aún hoy en día, si quisiéramos construir un reloj de Sol por ejemplo, podemos perfectamente usar los conceptos antiguos que consideraban el Sol como girando en torno de la Tierra. ¿Existe error en eso? Delante de nuestra presumible ignorancia con relación a las cuestiones todavía abiertas en las ciencias, estamos ciertamente tan cerca de la verdad como ellos.
La verificación de este hecho no puede ser motivo para alarmarnos, ni para un descrédito para con las ciencias. Lo que se hace necesario es una nueva concepción de aceptación de la verdad, también como criterios de comprensión de las explicaciones científicas. La clave que permite esa nueva comprensión puede ser conseguida estudiándose un poco la historia de las ciencias así como los mecanismos por los cuales las concepciones científicas surgieran y han operado[2].
Las teorías científicas representan las construcciones de raciocinio donde esas concepciones científicas se establecen. No es sino por el hecho de tales conceptos estar armónicamente integrados a las teorías que su aceptación se vuelve válida. Por otro lado, las teorías deben ofrecer una visión consistente del universo donde tal fenómeno ocurre. Eso implica no sólo en explicar aquel fenómeno particular, más también los posible efectos a él relacionados.
Una excelente teoría debe, también, ofrecer las bases para la previsión de fenómenos desconocidos. Por tanto, no es la autoridad de uno u otro científico que fundamenta la ortodoxia en las ciencias (con sentido muy diferente de aquel usado por las religiones clásicas). Nunca la verdad científica habrá de ser decidida en reuniones de puertas cerradas, por la deliberación de concejos u organizaciones o basándose en la fama del científico más notable. Es verdad que la opinión de un gran científico a favor de una cierta teoría particular puede pesar mucho en la orientación de las investigaciones futuras, mas tal opinión no constituirá nunca la teoría.
[1] Allan Kardec, "El Libro de los Espíritus",
[2] Silvio Seno Chibeni, "La Excelencia Metodológica del Espiritismo II", Reformador, Diciembre de 1988, pp. 373-378 (FEB).
Por Ademir Xavier, Brasil
Editor GEAE
http://www.geae.inf.br/el/index.html
Se comprende que en nuestra vida común estamos delante de situaciones que exigen una posición práctica delante de los hechos.
Cuando alguien dice: fulano esta casado pero tiene una amante mayor, en general, la primera actitud no es la de la formulación de teorías que justifiquen o no la aceptación de esa verdad. Porque la verificación de ella es cosa tan ordinaria cuanto el propio hecho, su aceptación es muy simple. No se da lo mismo, aun con ciertas nociones y concepciones del mundo que nos rodea.
Mucho menos con aquellas con respecto a la Doctrina Espírita. Una vez más recurrimos a ejemplos simples de la ciencia. La afirmación: "la Tierra gira con movimiento circular en torno del Sol", parece, si aplicamos el criterio de aceptación vulgar, una afirmación libre de ambigüedades.
Nuestras mentes forman instantáneamente una idea perfectamente clara de su significado. Por más increíble que parezca, no en tanto, su validez no puede ser deducida de la misma forma como en el ejemplo de la frase anterior. Ella no era ni un poco valida a los pueblos antiguos, por que no era bien eso lo que ellos constataban cuando veían al Sol levantarse y ponerse todos los días, en aparente movimiento circular alrededor de la Tierra. Ella fue la propia expresión de la verdad para Nicolás Copernico (1540) en su nueva formulación del sistema del Mundo. Para él, la Tierra sí giraba circularmente en torno del Sol.
Ella dejó de tener validez para los astrónomos posteriores, en particular Johannes Kepler (1630) que descubrió que el movimiento, de hecho, no era circular sino elíptico con el Sol ocupando uno de los focos de la elipse.
Esa ultima conclusión de Kepler dejó de ser válida con Isaac Newton (1670) y su teoría de la gravitación universal.
Para Newton (así como para toda la mecánica clásica que él fundó), el movimiento solo sería elíptico si en el Universo solamente el Sol y la Tierra existiesen.
Desde que hay otros cuerpos (no podemos olvidar la Luna) el movimiento pasa a ser perturbado. Muy aproximadamente la tierra giraría describiendo una roseta alrededor del Sol por causa del movimiento de precesión de los ábsides de la orbita descrita por ella, en términos exactos si, aun, en el Universo, existiese otro cuerpo mas allá de la Tierra y del Sol, el movimiento de aquella jamás sería descrito de una manera simple. Una vez más, esa afirmación dejó de ser valida para Albert Einstein (1905), que descubrió los efectos relativisticos no despreciables.
Para Einstein, aunque no existiese ningún otro cuerpo en el Universo sino solamente la Tierra y el Sol, todavía así el movimiento sería el de una roseta con una presesión de los ábsides extremadamente lenta para la Tierra. La existencia de otros cuerpos no alteraría mucho la descripción de Newton, aunque el movimiento se volviese todavía más complejo. Tal ejemplo nos muestra cuan difícil es la descripción de la verdad relacionada al objeto de investigación de la ciencia ordinaria, la materia.
La lección que se obtiene no es la de que cierta concepción anterior halla dejado de ser válida (decretada como herética en la visión por dogmas). Al contrario, las construcciones científicas presentes se fundamentan explícitamente en aquellas del pasado.
Para nosotros la memoria de los antiguos astrónomos debe ser tan venerable cuanto la de los más recientes. Aún hoy en día, si quisiéramos construir un reloj de Sol por ejemplo, podemos perfectamente usar los conceptos antiguos que consideraban el Sol como girando en torno de la Tierra. ¿Existe error en eso? Delante de nuestra presumible ignorancia con relación a las cuestiones todavía abiertas en las ciencias, estamos ciertamente tan cerca de la verdad como ellos.
La verificación de este hecho no puede ser motivo para alarmarnos, ni para un descrédito para con las ciencias. Lo que se hace necesario es una nueva concepción de aceptación de la verdad, también como criterios de comprensión de las explicaciones científicas. La clave que permite esa nueva comprensión puede ser conseguida estudiándose un poco la historia de las ciencias así como los mecanismos por los cuales las concepciones científicas surgieran y han operado[2].
Las teorías científicas representan las construcciones de raciocinio donde esas concepciones científicas se establecen. No es sino por el hecho de tales conceptos estar armónicamente integrados a las teorías que su aceptación se vuelve válida. Por otro lado, las teorías deben ofrecer una visión consistente del universo donde tal fenómeno ocurre. Eso implica no sólo en explicar aquel fenómeno particular, más también los posible efectos a él relacionados.
Una excelente teoría debe, también, ofrecer las bases para la previsión de fenómenos desconocidos. Por tanto, no es la autoridad de uno u otro científico que fundamenta la ortodoxia en las ciencias (con sentido muy diferente de aquel usado por las religiones clásicas). Nunca la verdad científica habrá de ser decidida en reuniones de puertas cerradas, por la deliberación de concejos u organizaciones o basándose en la fama del científico más notable. Es verdad que la opinión de un gran científico a favor de una cierta teoría particular puede pesar mucho en la orientación de las investigaciones futuras, mas tal opinión no constituirá nunca la teoría.
[1] Allan Kardec, "El Libro de los Espíritus",
[2] Silvio Seno Chibeni, "La Excelencia Metodológica del Espiritismo II", Reformador, Diciembre de 1988, pp. 373-378 (FEB).
Por Ademir Xavier, Brasil
Editor GEAE
http://www.geae.inf.br/el/index.html
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